La disminución de la sensación de sed, los problemas de movilidad o la presencia de otras enfermedades hacen que las personas mayores tiendan a beber menos de los necesario. Con la edad, el mecanismo de termorregulación se ve alterado, lo que provoca una disminución en la sensación de sed, por lo que las personas mayores son más propensas a sufrir las consecuencias de la deshidratación. La manifestación más grave, en este contexto, es el golpe de calor, que tiene lugar cuando los mecanismos de termorregulación del organismo se ven superados por una exposición excesiva a un ambiente caluroso, unido a una ingesta de líquidos insuficientes y unas pérdidas aumentadas.

Las personas mayores deben beber diariamente 6-8 vasos de líquidos (agua, zumos, lácteos, infusiones y refrescos) y consumir ciertos alimentos con alto contenido en agua, como frutas y verduras (melón, sandía, fresa, pomelo, uva, naranja, pepino, etc).

Este colectivo debe beber líquidos de forma gradual, mayor cantidad por la mañana y media tarde, para disminuir la frecuencia de micciones nocturnas. La temperatura debe de estar entre 11ºC y 14ºC. Es muy aconsejable beber 1-2 vasos de agua al levantarse, ya que puede ayudar a la motilidad intestinal.

Deben evitarse las comidas abundantes. En cada comida principal se aconseja tomar un vaso de agua ya que facilita la ingesta de sólidos, y se deben evitar cantidades superiores, ya que producen saciedad por el llenado gástrico.

Ante determinadas situaciones que pueden favorecer la deshidratación, como el calor y humedad ambiental elevados, se debe beber más cantidad de líquidos al día. Las bebidas con un contenido moderado de azúcares de absorción rápida y sales minerales, contribuyen a asegurar una buena hidratación, y los distintos sabores facilitan la ingesta y un adecuado aporte de líquidos.