El tabaco es uno de los hábitos más nocivos para la salud de la piel y que contribuye de forma más notable a su envejecimiento prematuro. El especialista subraya que “el tabaco, junto a otros condicionantes como la incidencia solar, la alimentación o los procesos crónicos, determinan el estado de la piel”.

Aunque el envejecimiento es un proceso individual que varía mucho en función de la rutina y el modo de vida de cada persona, Agustín Viera añade que “la raza, el sexo, los genes y los hábitos marcan el proceso cutáneo de cada persona y determinan el aspecto de su piel”. Así, afirma que la piel de los europeos se arruga “más pronto y con más intensidad” que la de los hipanos, africanos y afroamericanos, quienes “tienen una piel mucho más resistente al paso de los años, menos tendente al descolgamiento y la flacidez”. El dermatólogo destaca el caso de los asiáticos: “Su piel envejece de forma distinta a la del resto del mundo, pues la edad se les manifiesta con la aparición de manchas en lugar de arrugas”.

En todos los casos, se produce una diferenciación cutánea por sexos. Los hombres tienen una piel más resistente, por ser más rica en colágeno, más elástica y más firme. Además, el experto explica que es un 24% más espesa que la piel femenina, con menos arrugas y con un sistema piloso más desarrollado y un pH más ácido. Según Agustín Viera, “ellos tienen una piel más gruesa, con entre 3.000 y 6.000 pelos que cubren su rostro, por lo que envejecen más tarde, aunque sus arrugas son más profundas”.

El dermatólogo comenta que la piel envejece de forma “tridimensional”, siguiendo un proceso que pasa por el plano externo de la dermis (superficial), el dérmico (medio) y el subdérmico (profundo). Dice que “a cada edad, el envejecimiento de la piel atraviesa un plano distinto que demanda unas soluciones adecuadas en ese momento”.