Ambos defienden que se puede comer sano y, a la vez, disfrutar de la comida, ya que consideran que es más importante lo que se ingiere a la semana que lo que se come diariamente; es decir, el equilibrio.

El libro muestra una familia (un matrimonio, sus tres hijos de entre 1 y 13 años, y la abuela, de 75) que abre las puertas de su casa desde las ocho de la mañana de un sábado hasta la medianoche. Así, el lector repasa el desayuno, la comida, la merienda, va al cine con palomitas y refresco incluidos, y acaba la jornada con la cena de los padres sin niños y con un vaso de vino.

A su vez, narra cómo hacer la compra, las buenas prácticas a la hora de guardar y conservar los alimentos o los mejores métodos de cocción. También hace hincapié en que los niños tienen que jugar un papel importante en la cocina desde pequeños para que lleven una buena alimentación de forma divertida, inteligente y muy didáctica, sin renunciar a nada.

La publicación no muestra ningún alimento como malo o bueno, sino que insiste en la manera en que se come y, sobre todo, en la cantidad ingerida. Según Josep Corbella, “ésta es la clave”. Los autores han dedicado tres años al trabajo y han intentado ser lo más didácticos posibles para enseñar cómo conseguir lo que llaman una “salud integral”. Además de hablar sobre nutrición o la necesidad de hacer ejercicio físico, tratan especialmente el control del estado emocional. En este sentido, Valentí Fuster considera que “las emociones suelen influir más que las razones”, porque “muchas de nuestras decisiones sobre alimentación las tomamos por debajo del umbral de la conciencia”. Señala que, precisamente, concienciarse del acto de comer es la gran asignatura pendiente de una sociedad que, pese a disponer de mucha información, no sabe sentarse a la mesa. El mismo Ferran Adrià se pone como ejemplo, ya que ha tenido que aprender a autocontrolarse debido a sus horarios y ritmo de vida.

De la presentación que hicieron en Madrid se desprende optimismo: comer bien es fácil, sólo es cuestión de aplicar la lógica; la salud integral es un objetivo fácilmente alcanzable y es una cuestión de tiempo el que se consiga. Valentí Fuster consideró necesaria la intervención de los gobiernos con leyes que regulen, por ejemplo, la cantidad de sal en los alimentos y el empleo de grasas trans o la creación de un departamento específico que coordine todo lo relacionado con la nutrición, producción y distribución de alimentos.