La enfermedad se caracteriza por una fatiga profunda , dolor muscular y articular y un deterioro de la memoria y la concentración. Los pacientes también experimentan deterioro de la función cardiovascular, trastornos intestinales y disfunción sensorial, como intolerancia al ruido y problemas de equilibrio.

Los síntomas tienden a ser tan severos que los pacientes de fatiga crónica a menudo experimentan aislamiento social y familiar. La mayoría de los casos se prolongan durante meses o años y en numerosas ocasiones los síntomas no mejoran con reposo.

El síndrome de fatiga crónica se ha trivializado durante años debido a la falta de evidencias científicas que apoyen su diagnóstico y se la conocía como "la gripe del yuppie " . Las víctimas siguen sufriendo el estigma de una enfermedad que es a menudo dificilmente reconocida por la comunidad médica y tomada con escepticismo por parte de familiares, amigos y compañeros de trabajo.

La gestión de síndrome de fatiga crónica puede ser tan compleja como la propia enfermedad . No existe una cura y no existen medicamentos desarrollados específicamente para el síndrome de fatiga crónica, por lo que es muy difícil de tratar. Los síntomas también pueden variar con el tiempo .

Las personas con el síndrome de fatiga crónica deben vigilar de cerca su salud en conjunto con su médico para crear el programa de tratamiento individualizado que mejor se adapte a sus necesidades. Este programa debe basarse en una combinación de terapias que aborden los síntomas , tecnicas para afrontar esos síntomas y diversas formas de llevar a cabo las actividades diarias normales.

Los investigadores han descubierto diferencias significativas entre las células del sistema inmune de los enfermos de fatiga crónica y las personas sanas. Este descubrimiento podría conducir a la identificación de biomarcadores de fatiga crónica, es decir, indicadores biológicos evaluables que pudieran ser utilizados en el diagnóstico del mismo.

Imagen: Eva Bonnier [Public domain], via Wikimedia Commons