La fiebre es parte del proceso inflamatorio normal del organismos después de recibir una inmunización. En ocasiones, el paracetamol se administra profilácticamente para aliviar los miedos de los padres de fiebre alta o convulsiones febriles en niños después de la vacunación.

El estudio, realizado por el profesor Roman Prymula (Hradec Kralove, República Checa) se elaboró en base a la observación de 459 niños, divididos en dos grupos, uno que recibió paracetamol de forma preventiva y otro no. Así mismo se realizaron dos ensayos en el estudio, uno en el momento de las vacunaciones infantiles iniciales y el otro durante las inyecciones de refuerzo posteriores.

Las vacunaciones eran las de rutina realizadas en niños de países desarrollados para proteger frente a las enfermedades de pneumococo, la gripe hemofílica tipo B, difteria, tétano, tosferina, hepatitis B, polio y rotavirus.

Como era de esperarse, la proporción de niños que recibieron el fármaco y que tuvieron reacción febril fue menor que en el grupo que no fue tratado (42% contra 66% en la primera vacuna y 36% contra 58% en segunda).

Sin embargo, al medirse la respuesta inmunitaria a la vacuna, medida por la concentración de anticuerpos protectores contra el o los agentes infecciosos (o toxinas) que atacaba la vacuna, ocurrió lo contrario.

Así, entre los niños tratados de forma preventiva con el antipirético, los niveles de anticuerpos eran significativamente más bajos, bien contra las cepas de neumococos (que pueden provocar la neumonía y la meningitis), la difteria, el tétanos o la meningitis bacteriana infantil. causada por la bacteria Haemophilus influenzae tipo b (Hib).

Este fenómeno se observó en tanto en la primera inyección como tras las vacunaciones de refuerzo.