La interfaz consta de dos palancas y dos pedales. Con cada uno de ellos se controla cada uno de los brazos, así que más vale que el que lo maneje no sea demasiado torpe.

Tres de los brazos sostienen las herramientas típicas de quirófano, como son el bisturí, las tijeras… Y el cuarto brazo está dotado de dos cámaras endoscópicas que proporcionan al que está manejando la máquina una visión en alta definición y en 3D de lo que está haciendo gracias a los dos visores que tiene en el dispositivo de control, uno para cada ojo. Además, el sistema proporciona al cirujano un zoom óptico de diez aumentos.

Lo que sí será un poco complicado es que nos operen con uno de estos aparatos, puesto que tan sólo se han vendido 1.032 unidades en todo el mundo. Y es que no es precisamente barato, ya que una unidad cuesta 1,3 millones de dólares, más los cientos de miles que cuesta su mantenimiento anual. Pese a todo,  este cirujano robótico se gana su precio a pulso.

Permite realizar operaciones muy complicadas como si de una operación de cirugía mínimamente invasiva se tratara. Reduce el dolor producido al paciente y también la sangre perdida, algo muy importante en los enfermos que no aceptan transfusiones. Además, gracias a que es menos invasiva, los plazos de recuperación del paciente son inferiores, al igual que el tiempo de ingreso. Lo que quiere decir que los costes también son inferiores a la larga.

Este tipo de máquinas suele utilizarse en largas operaciones de reconstrucción de órganos, o bien en aquellas en las que tienen que retirar gran parte de organismos infectados y que se prolongan durante horas, como podría ocurrir en pacientes con tumores muy desarrollados. Un cirujano podría cansarse y cometer algún error, mientras que el Surgical Si no sufre cansancio.

En conclusión, es un robot útil pero muy costoso, y que difícilmente veremos hasta dentro de algún tiempo en nuestro quirófanos.