Ante este dato, los profesionales sanitarios que agrupan la organización muestran su satisfacción por unas cifras, dicen, que "hablan por sí mismas". Además, se han dejado de vender más de 500 millones de cajetillas.

A pesar del impacto de la norma en el consumo, más del 25 por ciento de los españoles siguen siendo fumadores, mientras que en otros países como Canadá, Australia, Nueva Zelanda o Suecia, la tasa está por debajo del 15 por ciento.

En opinión del CNPT, estos datos "son buenos motivos para que no haya retrocesos en la ley y se siga avanzando en las medidas de prevención y control del tabaquismo", como pide el comité. A su parecer, "un retroceso o modificación legislativa no se entendería" y podría originar conflictos y problemas, puesto que "grandes colectivos sociales" como menores, embarazadas, o trabajadores del sector "verían retroceder su salud de forma inmediata".

Mientras que en España el nuevo Gobierno de Mariano Rajoy parece dispuesto a suavizar la legislación antitabaco y permitir que se vuelva a fumar en bares y restaurantes, la Unión Europea parece ir justo en la dirección contraria.

El comisario de Sanidad, John Dalli, es partidario de prohibir las máquinas expendedoras de tabaco , de restringir al máximo los ingredientes que se utilizan -se impediría por ejemplo la venta de tabaco mentolado- y, sobre todo, de ampliar el tamaño de las fotos impactantes en las cajetillas con más advertencias sanitarias, escondiendo así las marcas, algo similar a lo que sucede ya en países como Australia.