Según Agustina Segurado, jefe del servicio de Dermatología del Hospital del Sureste de Madrid, “esta enfermedad es un problema de la piel que cada vez aparece más en los países desarrollados y, aunque no se sepa su origen, se cree que los cambios de vida y hábitos en las ciudades, la contaminación o el estrés han aumentado su incidencia en la población infantil”.

Agustina Segurado, coordinadora del taller para Cuidados de la Piel Atópica en Niños, llevado a cabo en el centro hospitalario y organizado por los Laboratorios Dermatológicos Avène, dice que “en contra de lo que se puede pensar, estos niños no suelen ser alérgicos a nada, pero intolerantes a todo”.

El taller pretende instruir a niños de entre cinco y diez años en el cuidado de la piel cuando sufren dermatitis atópica y que actualmente están bajo tratamiento.

Agustina Segurado explica que “los hábitos que cogemos durante la infancia son los que mejor se realizan durante la edad adulta” y advierte de la importancia de un cuidado de la piel a través de la crema, evitando rascarse, y utilizando productos bajos en detergentes.

El taller, que se repetirá a lo largo del año, está impartido por Cristina López, doctora en Farmacia, quien enseña a través de juegos a niños y padres las herramientas para controlar esta afección.

La formadora explica que “lo que se pretende es que ellos reconozcan que, cuando la piel les empiece a picar, hay que tratarla y cuidarla de una manera más especial”. Asimismo, se espera que “no sean los padres los que solo se preocupen por la enfermedad, sino que supervisen el cuidado de su hijo, de modo que sean los niños los que actúen responsablemente”.

La dermatitis atópica suele comenzar en los primeros meses de vida, cuando los bebés tienen un peor sistema inmune y una piel más inmadura, y puede afectar en distintos grados, siendo más propensas en ciertas zonas como codos, rodillas y el cuello. No obstante, la enfermedad tiende a desaparecer a los siete u ocho años, aunque puede mantenerse hasta la edad adulta.

Es una enfermedad en la que se producen brotes, es decir, la piel comienza a picar y, en consecuencia, el paciente se puede provocar ampollas, rojeces y descamaciones. Para reducirlas, es importante evitar el contacto con los alérgenos y aplicar cremas de manera regular. Es aconsejable ducharse en vez de bañarse, usar geles limpiadores suaves sin jabón y sin perfume, ricos en aceites y vestir ropa de algodón mejor que sintética.